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Construcciones y Árboles añejos




   Hoy recorremos Napaleofú y buscamos construcciones, árboles añejos, ellos nos traen recuerdos de un pasado floreciente, conociéndolo, nos invita a mirar el futuro.





En la torre de la señal del Ferrocarril sita a metros de la Estación ya no luce la bandera para dar paso a ninguna máquina, pero vamos a tratar de dar paso a la memoria y a los recuerdos.



La cortina de árboles sobre la Ruta N° 227.




 




 


Detrás de la cortina de plantas tímidamente asoma la vieja "ranchada", donde Tranchini tuvo su criadero de cerdos.



El puente de hierro de la "calle ancha", ha pasado tanta agua por el arroyo bajo este puente que hasta la denominación ha cambiado, lo nombramos el puente del arroyito de "Varela". Dicen... que alguna vez, un carro se encajó, y le habían puesto a ese puente el nombre del dueño del carro, dicen...





 
 
 
 


Todavía queda en pie el añejo árbol de la "vieja" entrada a Napaleofú.


 
 


Paredes de adobe y techo de chapa de la abandonada casa de los Hermanos Carral, el árbol no deja ver aquella reliquia que lucha por mantenerse en pie.




Las siguientes fotos gentileza Mercedes Cuevas. 
 


  












Otra muy cerca que corre el mismo destino, donde vivieron los hermanos Luis.


 






La casa que habitó Ernesto Rodriguez, al lado del "escritorio", una denominación que nos servía de referencia.
 




  
Los troncos ahuecados por el tiempo nos hablan de los años en que vivían Elvira Poladura y Perico Rivarola.









Plantas que cubren a chapas oxidadas que alguna vez sirvieron de abrigo.




Las calles vecinales después de un día de lluvia.




Aquella panadería "del otro lado de la vía".


 


Esa misma construcción vista desde la antigua feria.



También vista desde la cancha de futbol. En este lugar funcionó por un tiempo, la entonces "Escuela N°21".



 

 
Solo quedan plantas secas donde alguna vez Melcón construyó su casa y más tarde la habitó el Agente de la Policía Bonaerense a cargo del "Puesto de Vigilancia Napaleofú", Roldán.


Queda el molino, unas plantas secas y una vieja máquina de cosechar papa donde vivió Pedro Pagnutti y Cleria Barbarin, llegaron a ese lugar,  allá por el '56.


 
 


 

Ya no da sombra aquel árbol que protegía del sol al "carneadero" de la carnicería de Lanzini, su primer dueño. Este edificio junto con "El Cantábrico", lo más antiguo de Napaleofú con sus paredes de piedra.



 





 




 
Quiero que alguién indague en sus recuerdos y me cuente a quién le dieron sombra estas plantas.



Las tunas en el potrero, detrás del alambrado en camino de tierra.



Una vieja cava, con agua que almacenó tras la lluvia.




Aún se conserva el árbol del cargador de hacienda de la feria de "Rodriguez & Garcia".








Quedan solo recuerdos de lo que fue "el escritorio".






 
 
 
De aquellos primeros remates.






Al oeste de la estación en pequeñas parcelas vivían numerosas familias, Fabian, Piga... ¿este monte a quién perteneció?



... siguiendo por la misma calle vivía con su familia Gonzalez y su esposa Teresa Bara. Troncos envejecidos.








La cancha del "Club Defensores de Napaleofú", se encuentra escondido detrás de los árboles los vestuarios, ya los jugadores no lucen la albiceleste.

 

Daban sombra al arco mientras palpitaban el gol.


 
 "El Cantábrico", junto a la Estación del Ferrocarril es el sello que identifica a Napaleofú.




A su costado las construcciones donde vivían los dueños se mantienen desafiando a el tiempo.







 

 
Se oculta tras los viejos árboles.





 





 
Ese cruce donde sólo quedan plantas y en una época alguién apodado "Niño" García apostó a un emprendimiento, un vivero de plantas de eucaliptus, atendía la demanda de los habitantes de la zona rural. También, parte de la historia de este lugar  fue Llerías.


 

La vieja casa de chapa que algún día habitó Pedro Erdociain y su familia.







Quedan árboles de rugosos troncos contando los años donde vivía Aurelio Mangado.



La Plaza General San Martín, que se inauguró en el '69, hoy la caminan los chicos y se trepan por sus árboles, los troncos nos cuentan los años. 






 
 




 




Los talleres hoy ya no existen, sólo construcciones abandonadas.


 

Las calles polvorientas nos llevan a buscar recuerdos del pasado, donde vivió Fabián, Juana Melón y otros... le  tenemos que pedir permiso a la memoria de Rodolfo Pérez, Martín Fernández... para recordar.





Como esta casa del año '38, que alguna vez resaltaba en su frente el año de construcción y el nombre "Chola" en honor a quién la habitaría, Carlos Aguer y su señora "Chola" Serrano, la mandó a construir la Sra. Aguer de La Grutta.





 


Hoy los secos troncos desafían a las heladas y se lucen vistiendo algún parque cargando consigo a cactus y suculentas.



Frente a "El Cantábrico" había una frutería de Ansa. En época de verano bajo las plantas se servía comida a quienes trabajaban en la "bolsa", en las estibas que estaban al lado de los rieles de la estación. Luego, esa parcela de tierra  perteneció a Carlos Pérez, hoy luce un cartel de venta.



 


 

Sobre la ruta N° 227 una de las casas construidas en las primeras décadas del Siglo XX, perteneció
a la familia Amores.











Gentileza Mercedes Cuevas


Otra antigua construcción en la misma zona que se encuentra abandonada como el mismo paisaje desolado, dicen que la mandó a construir Ernesto Rodriguez.








Sobre la calle de tierra queda el recuerdo en los gruesos troncos que alguna vez sirvió de sombra a Sarrasquet y a Atilio Larraury.







 Queda el viejo pino y la primera casa que se hizo al este de la estación, que por aquel entonces habitaba Josefa de Macuso.


 



El atardecer se refleja en los árboles, solo queda eso, árboles, plantas caídas, un molino bajo... donde alguna vez vivió Blanco.



 

Antes las "alcantarillas" eran de ladrillo, en alguna calle cercana a Napaleofú se conservan.
 


 

Conjunto de plantas, que dicen llamarlo "montes" conforman el paisaje de Napaleofú.


 

Algo del pasado se mantiene en pie, un palo de telégrafo y la casa del hornero. 




 




 
 

 
 
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